
La oposición y Estados Unidos han dejado espacio para una mediación por parte de los gobiernos izquierdistas de Brasil, Colombia y México. Estas gestiones han sido percibidas por muchos como una estrategia para darle oxígeno al régimen, que continúa consolidándose a pesar de la presión internacional.
En este contexto, la posibilidad de una salida negociada o una transición pacífica hacia la democracia en Venezuela parece cada vez más remota. La creciente represión y la falta de transparencia electoral apuntan a un endurecimiento del régimen, dejando al país en un estado de creciente incertidumbre.