El daño causado fue considerable, con al menos cinco dispositivos de cómputo y varios teléfonos destruidos por completo. Se confirmó que Volaris, la aerolínea implicada, ha presentado cargos contra la mujer por los destrozos y por alterar la paz en sus mostradores.
Este incidente pone en evidencia la tensión que puede generar la interacción con sistemas de reservación automatizados y las expectativas del cliente, y plantea preguntas sobre cómo las aerolíneas y agencias de viaje pueden mejorar su servicio al cliente para evitar situaciones tan extremas en el futuro.