La explicación científica a la que llegaron fue que el daño nervioso sufrido por la paciente pudo haber llevado a su cerebro a malinterpretar la información sensorial, confundiendo las señales que provenían del pie izquierdo con las de los genitales.
Este caso ilustra la complejidad y la asombrosa capacidad de nuestro cerebro para interpretar señales, y cómo un daño nervioso puede alterar radicalmente nuestra experiencia de placer y doloe.